El Cuarteto de hoy, el Cuarteto de siempre

Escrito por el 20 septiembre, 2019

La banda liderada por Roberto Musso presenta Jueves, su más reciente disco, el sábado 28 en el Antel Arena.

Se prenden las luces del escenario y cada miembro ocupa su lugar: Santiago Tavella en el bajo, Álvaro Pintos en la batería, Santiago Marrero en los teclados, Gustavo Topo Antuña en la guitarra y al frente el vocalista, Roberto Musso. El cantante se muestra con la seguridad de quien hace 30 años que canta frente al público, y entre canción y canción mete algún bocado cómico. De pronto empieza a hablar de la crisis del 2002 en Uruguay, el escenario de su siguiente canción que fue escrita hace años, pero sigue manteniendo su vigencia. «No ha cambiado mucho la cosa, los años pasan y las crisis quedan. Hay que comer», remata y empieza el riff característico de Hay que comer, uno de los hits de el Cuarteto de Nos. Musso canta «No soy materialista, pero qué le vamos a hacer, antes teníamos guita y ahora se nos fue», empieza el estribillo y el público se enloquece. Cientos de personas saltan mientras cantan el himno de la crisis.

Esa escena en particular tiene lugar en Mendoza. Pero también podría ser en Cali, La Paz o Caracas. Contra todo pronóstico, las letras del Cuarteto, tan embebidas de la identidad uruguaya, resuenan particularmente con el público latinoamericano. Es que la banda, que en Uruguay ya forma parte del canon -se podría decir que es uno de los grupos más exitosos de la historia local-, en el exterior es percibida como anti-sistema. En los países caribeños, donde los ritmos urbanos dominan la escena, escuchar el Cuarteto requiere cierta rebeldía. La banda propone irreverencia con letras críticas, ácidas y contestatarias que usualmente toman forma de rock aunque también se nutren de otros ritmos. En Spotify es sencillo saltar del El putón del barrio a El hijo de Hernández, y aunque en la realidad hayan pasado varias décadas en el medio, hace que la experiencia de escuchar a la banda sea aún más intensa.

En Uruguay el asunto es otro. Otra Navidad en las trincheras (1994), un disco fundacional que contenía toda la irreverencia del rock posdictadura, causó sensación con sus letras surrealistas, absurdas y divertidas, convirtiéndolo en doble platino en tan solo tres meses y en uno de los discos más vendidos de la historia uruguaya. Esos temas más audaces o controversiales -que también tenían que ver con la presencia de Riki Musso en la banda, que la dejó en 2009- más tarde se convirtieron en un peso para el Cuarteto por esa constante comparación entre la música de sus inicios y la etapa más pop. Cuando transformó su sonido y sus letras, muchos lo entendieron como que se «habían vendido» a la lógica comercial.

Lo cierto es que para una banda con 30 años de trayectoria sería absurdo pretender que permanezca estancada en sus orígenes. Raro (2006) marcó el inicio de un rumbo más pop, con la producción de Juan Campodónico, y la consolidación de la banda como una de las grandes. Con este disco llegaron los festivales, las giras, el éxito internacional y las nominaciones -que luego serían premios- a los Grammy Latinos. «Hoy el Cuarteto es la prioridad para todos. Yo tuve que dejar hace mucho mi trabajo, porque me ponía a pensar que si no daba el 100% en la banda, no podía hacerlo. Nos ponían en festivales de primer nivel, con grupos muy buenos, que tenés que estar a la altura. O lo más cerca posible», declaró Roberto Musso a galería.

Esa transición da lugar a que aparezca un disco como Habla tu espejo (2014), que se aleja de los orígenes más experimentales y casi paródicos de la banda, para explorar una veta más introspectiva e íntima con canciones como No llora, dedicada a la hija de Roberto Musso y 21 de septiembre, inspirada en la enfermedad de su madre. Tres años después llega Apocalipsis zombie (2017), lo que marca el regreso al carácter más lúdico del Cuarteto de Nos que alcanza su cumbre en el más reciente disco Jueves (2019), que va a tener su presentación en vivo el sábado 28 en el Antel Arena.

Jueves es un disco extraño. Desde la composición heterogénea de las canciones al título, que no alude a nada en particular, hasta su producción, que estuvo en manos de cuatro productores con estilos muy diferentes (cada uno de ellos eligió los temas que más le gustaban). Juan Campodónico -cercano a la banda desde hace una década- estuvo a cargo de dos canciones, una de ellas es Contrapunto para humano y Computadora, una payada de Musso contra una computadora. Luego el mexicano Camilo Lara, responsable del proyecto Instituto Mexicano del Sonido y autor de tres canciones de la banda de sonido de la película Coco, eligió producir la canción Punta Cana, a la que le dio un aire circense. Eduardo Cabra, conocido como «Visitante» de Calle 13 produjo cuatro canciones y Héctor Castillo, un venezolano que vive en Nueva York y trabajó con artistas de la talla de Gustavo Cerati y David Bowie, eligió los temas más rockeros.

El experimento podría haber salido mal y sin embargo, es de los mejores trabajos de la banda. Es un disco concreto (tiene solo nueve canciones), que transita diferentes ritmos desde el clásico rock hasta el candombe y el contrapunto, para hacer una crítica a la sociedad actual. A diferencia de los trabajos anteriores del Cuarteto, Musso encarna, a través de la primera persona, diferentes personajes en cada una de las canciones para crear un universo oscuro, aunque termina con una nota optimista de la mano de Fallaste Nostradamus. Es un disco perfecto para volver a conquistar a los fanáticos que dejaron de escuchar después de Bipolar (2009), pero también para los que hoy están descubriendo a El Cuarteto de Nos.

¿Siempre fuiste de cuestionar la sociedad y la autoridad?
Roberto Musso: Eso siempre estuvo en nuestra esencia. Creo que es muy generacional. Nosotros vivimos nuestra infancia y adolescencia en dictadura militar, eso nos marcó. Cuando llegamos a la universidad, llegó la democracia, fue un momento de efervescencia cultural muy grande. No sé si podría haber imaginado todos esos personajes del disco si no hubiese vivido eso.

¿Son pesimistas?
RM: El disco termina con Fallaste, Nostradamus, que por más que sea una canción superoscura, tiene un dejo esperanzador. Fue un disco que nació sin concepto y, sin embargo, nos estamos encontrando con que hay mucho más concepto del que nos imaginamos.
Santiago Marrero: Somos muy diferentes en la banda, aunque tenemos en común que somos críticos pero vivimos de forma bastante optimista. Las cosas que nos pasan las disfrutamos, les buscamos la vuelta. Para mí este disco tiene una cuestión que crítica a la velocidad y la forma en la que estamos viviendo, es una crítica no tan amigable, más bien oscura. Yo creo que por eso está conectando más con la gente, hay una realidad que está complicada. El Cuarteto asume ese lugar, de forma consciente o inconsciente de bajar un poco de línea y cuestionar.
RM: Y el show es como una catarsis psicológica. La gente está cantando todas las canciones; en Colombia, Perú, Ecuador enloquecen. Hacemos teatros llenos con personas que cantan las dos horas, y tampoco son personas que salgan a la calle a romper todo: es ese momento de liberación.

¿Te imaginabas que iba a pasar eso?
RM: A veces es difícil para la gente imaginarse que en Colombia o Perú cantan todas las canciones y se identifican mucho con las letras, eso es muy loco. Estamos acostumbrados a que sea al revés, que vengan bandas de afuera para acá.
SM: El Cuarteto tiene que ver con la cultura uruguaya y está lleno de localismos. Y justamente eso es lo que más le gusta a la gente a veces.
RM: Por ejemplo, en la canción Contrapunto para humano y Computadora al principio tuve la idea de que sea un rap, pero después le quise dar la vuelta de ponerle la payada y las décimas, que es algo muy rioplatense. Eso potenció muchísimo más la canción afuera. A los extranjeros les cuesta descifrar la métrica.

Y hay algo de la memoria afectiva que los uruguayos tienen con el Cuarteto.
RM: En Argentina, Hay que comer parecía que ya no tenía mucho sentido y sin embargo ahora la gente lo ve como algo superactual. Miguel Gritar, que es la rabia contenida, funcionaba bien acá, en Argentina y en otros lugares, pero la fuimos a tocar en Venezuela, cuando recién entraba Maduro y estaba todo muy polarizado, y la gente enloqueció.
SM: Lo que pasa en Uruguay es que El Cuarteto ya está como aceptado, pero a nosotros constantemente nos sigue descubriendo gente, la mayoría de nuestro público tiene 20 años. Afuera es under, un colombiano escucha las letras y pira. Tiene más impacto conocerlo todo de una.

¿Eso lo tienen en cuenta a la hora de grabar el disco?

SM: Hay como un dicho de que El Cuarteto se vendió o es recomercial, pero son cosas que decidimos nosotros, no hay una discográfica atrás metiéndonos el peso ni diciéndonos qué hay que hacer.
RM: Eso está en el imaginario colectivo y a veces lo entiendo sobre todo en artistas con una trayectoria larga. A veces te enganchás con una banda por un disco o por el momento de tu vida en el que estás y después la música cambia.
SM: Muchos me dijeron que se habían colgado hasta Bipolar y después volvieron con Jueves. Acá cuesta un poco el cambio, pero en El Cuarteto es un poco la matriz de la banda. Si te enojás con El Cuarteto porque cambió, no entendiste a la banda.

Roberto, ¿te sentís cómodo cantando canciones que escribiste en otro momento de tu vida?
RM: Es que esas canciones no las estamos cantando. El repertorio ahora es pos Raro y algunas canciones las tocamos acá en Uruguay. Los temas de Navidad en las trincheras me encantan, pero no los extraigo de su contexto. Para mí están excelentes, vivieron su momento ahí y ahora no me dan ganas de volver a una canción de ese estilo.

¿Es raro leerlas?
RM: Es rarísimo y eso te lo puede decir cualquier artista que tenga más de 30 años de carrera. Mis primeras canciones las escribí cuando tenía 18 o 19 años. Cuestiones que te movilizaban en ese momento no lo hacen ahora y al revés tampoco funciona.

Hay algunos temas centrales que se mantienen, como la crítica al consumo, pero contrastan con la imagen que uno podría tener de ustedes hoy, una de las pocas bandas locales que tienen perfil alto.
RM: Si hacés un análisis semántico, te das cuenta de que la persona que escribió Mario Neta es la misma que escribió Me agarré el pitito con el cierre, que critica el costado capitalista de que el nene termina saliendo en la televisión en un anuncio de pantalones. Está contado desde un punto de vista diferente, pero es muy parecido. Esas cuestiones siempre me movilizaron para escribir. Pero, por ejemplo, No llora no la hubiese podido escribir si no hubiese sido padre.
SM: A nosotros nos va muy bien, pero somos personas que vivimos en el planeta Tierra. Roberto va a buscar a su hija a la escuela. Nos vamos de gira un mes a España, increíble, y llego y mi tía está medio enferma, la voy a cuidar y paso en el hospital toda la noche. Entonces, tenemos cierto «nivel» pero somos tipos muy terrenales. Para lo que sería nuestro equivalente en otro país, somos austeros.

Para componer sos bastante metódico, ¿no?

RM: Totalmente. Hay colegas que hacen tres canciones en una noche y los admiro. Yo soy muy lento, trabajo como si marcara tarjeta. Dejo a la nena en el colegio y de 9 de la mañana hasta las 16:30 que la voy a buscar estoy en el estudio, cuando no estamos ensayando o hay notas de prensa. Más que del whisky soy del café con leche; capaz cuando era más joven y componía de noche sí, pero después se me dio vuelta el horario. El estudio es la computadora, la guitarra y algún pianito. Lo bueno es que está un poco alejando de la casa, para no molestar y viceversa. Cuando termino las canciones se las muestro a todos.

¿Cómo es la rutina para ustedes?

RM: Es muy variado. Ahora acabamos de terminar el disco y estamos por arrancar la gira con shows grandes como el Luna Park en Buenos Aires y el Antel Arena acá. Entonces, ahora estamos ensayando bastante, preparando las canciones y sacando lo que hicimos en el estudio para el vivo. En las giras te metés el chip gira y estás solo para eso; cuando estás libre descansás. Componer no puedo porque estoy en otra sintonía. En mi caso cuando estoy en Montevideo trato de estar en el estudio en mi casa preparando canciones nuevas, tirando ideas.
SM: Con una banda compartís mucho tiempo, muchos días de gira con momentos importantes. A veces estás afuera y se te muere una mascota, se te enferma un familiar, nace alguien. Es una relación muy fuerte, rara de comprender si no la vivís. Es como si tuvieras un grupo de amigos con el que estás todo el tiempo. Termina siendo muy importante lo personal, te diría que el 85% de la banda es lo personal, lo musical vemos, se arregla. Por ejemplo, Roberto llega al hotel, se acuesta, descansa. Ya sabés que con él no vas a salir. Entonces entenderlo y respetarlo termina siendo la clave de que funcione. Todo el tiempo tenés cosas que podrían detonar la bomba, porque venís cansado, tocando mucho.
RM: Es como un reality show.

EL LABORATORIO DEL SHOW

A días de haber presentado su último disco, El Cuarteto de Nos se prepara para tocarlo en vivo. Saben que van a estar al menos un año de gira tocando Jueves junto con algunas canciones de álbumes anteriores como Yendo a la casa de Damián, Invierno del 92 y Gaucho Power. El primer destino será Buenos Aires, para luego volver a Montevideo por unos días, y de nuevo a Argentina; después será el turno de Chile y Colombia. Y para que todo salga bien se necesitan horas y horas de ensayo. Primero, en una sala más pequeña y más cerca de la fecha en un teatro, donde se trabaja ya como si fuera un show, con luces e invitados. Allí los visitó galería.

Desde la escalera ya se escuchaba el bajo de Santiago Tavella, que hacía vibrar las paredes, y la trompeta, protagonista de Punta Cana. Adentro, la prueba de luces deja la silueta de Roberto Musso enmarcada por un contraluz. Mientras, la banda trabaja con productores y técnicos para encontrar la mejor manera de llevar las canciones nuevas al vivo. Es casi como si grabaran de nuevo. Las otras, las que cantan desde hace años, salen de un tirón. En ese sentido, Santiago Marrero, el más joven de la banda, es el que lleva la batuta. Define el set, propone modificaciones y les recuerda a todos que deben cantar los coros. Desde que entró al Cuarteto, hace 10 años (se cumplen el mes que viene), asumió ese rol que él define como preproductor. «Si Roberto es el arquitecto, yo soy el asistente de arquitecto», asegura.

Cuando Marrero se sumó a la banda tenía 23 años y la banda ya tocaba junta desde hacía más de 20. Venían de grabar Bipolar y necesitaban a un tecladista que los ayudara a trasladar el disco al vivo. Habiéndolo visto con Santé Les Amis, lo convocaron. «Creo que en el primer ensayo al que fui les dije que estaban haciendo mal las cosas, que eso en el disco estaba bueno pero en vivo no rendía tanto. Después, cuando me fui, me subí al auto y pensé que me iban a echar por atrevido», recuerda entre risas. Nada más lejos de echarlo: agradecieron su sinceridad. Ese mismo año también entró el Topo Antuña, al que habían visto tocar con los Buenos Muchachos y que entró para aportar las guitarras «más climáticas» que hacían falta tras la partida de Riki Musso. Para Roberto, «en lo humano fue espectacular».

Y eso se hace evidente en la sala. Más allá del profesionalismo con el que ensayan las canciones -o tal vez justamente por eso- el ambiente es relajado y las bromas entre ellos son moneda corriente.


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