¿LOS CELULARES NOS ESCUCHAN?

Escrito por el 28 febrero, 2020

Así funcionan los anuncios en Internet

Toda actividad en la web produce fragmentos de información que compañías como Google y Facebook utilizan para teledirigir anuncios.

Hoy, es casi impensado tomar una decisión de compra -sobre todo las que implican un desembolso de dinero importante- sin que la Internet forme parte del proceso. Por ejemplo, realizar un viaje: quien desea viajar generalmente usa la web para conocer opciones e informarse en diferentes etapas, desde la elección del destino (¿Punta Cana o Cancún?) hasta la búsqueda de pasajes, hoteles y alquiler de autos. Y todas estas búsquedas, en Google o en redes sociales, van dejando sus huellas.

Por eso, la cuestión rara vez termina ahí. Cuando el usuario hace manifiesta -para los buscadores- su intención de irse de vacaciones, los anuncios parecen perseguirlo a través de todas sus pantallas. Al leer una noticia en su portal favorito de noticias o al entrar a Instagram, probablemente se encuentre con un banner o una publicidad con las últimas ofertas en alojamientos caribeños. Incluso, es probable que le lleguen boletines al correo con paquetes para ese destino u otros similares.

Son pocos los ingenuos que creen que eso es una casualidad, es claro que cada uno ve anuncios vinculados a sus intereses y últimas búsquedas, pero ¿cuál es la tecnología detrás de eso?

Darle memoria a la Internet

En 1994, Lou Montulli -un desarrollador que había sido parte de la creación de uno de los primeros navegadores, Netscape- tenía 23 años y notó que uno de los problemas que tenía la web era el anonimato. «Cada vez que uno entraba a una página, para el servidor era una visita completamente diferente», explicó al sitio de noticias Vox. Entonces, por ejemplo, cada vez que uno entraba a su correo tenía que volver a loguearse. Esto volvía poco práctica y tediosa la experiencia del usuario.

Como respuesta a ese problema, Montulli creó las cookies. Las cookies son paquetes de información que funcionan en las páginas web almacenando en el navegador datos como el correo electrónico, el país y la preferencia de moneda del cliente. Por ponerlo de manera simple, lo que hacen es darles «memoria» a las páginas de Internet y por eso mismo prácticamente no hay sitio que no las use. De hecho, es altamente probable que usted en su computadora tenga cientos de cookies almacenadas sin tener la más mínima idea de ello. Y si decide borrarlas, deberá iniciar sesión de nuevo en todas las páginas web.

Sin este recurso, por ejemplo, sería imposible hacer compras en Internet. Por ejemplo, si uno entra a Amazon a comprar un libro, este sitio almacena los datos sobre los últimos títulos que miró y, en función de eso, hace recomendaciones similares -no es buena voluntad, de esta manera es más probable que compre una mayor cantidad de artículos-. Además, tiene una función de «carrito» que permite agregar un producto, seguir navegando y pagar después. Todo esto funciona gracias a las cookies.

Poder y responsabilidad

Si bien las cookies pueden ser usadas para el beneficio del usuario, el hecho de que tengan la capacidad de recolectar abundante información sobre cada uno puede ser peligroso. Así lo explica Alejandro Draper, ingeniero en Telecomunicaciones y experto de la empresa en ciberseguridad Isbel : «La contracara es que algunos tipos de cookies, que se llaman ‘cookies de terceros’ se utilizan para publicidad teledirigida según el perfil del usuario. También se usan para el tracking, que permite saber qué cosas hizo el usuario, dónde hizo clic, en qué parte de la página se detuvo o qué sitios visitó. Eso, en conjunto con la información que las aplicaciones tienen sobre ti, se convierte en una herramienta muy poderosa».

Las cookies de terceros, como su nombre lo indica, sirven para cruzar información entre sitios y plataformas, lo que permite ese tipo de publicidad que parece «perseguir» al usuario por los diferentes rincones de la red. Cuando ese título que miramos en Amazon nos aparece también en medio de una noticia o en redes sociales, es gracias a este tipo de cookies. Los que facilitan estos cruces entre sitios son los intermediarios como Google y Facebook -propietario de Instagram y WhatsApp-, que, además de ser proveedores de contenido, se encargan de gestionar anuncios y son quienes poseen la mayor cantidad de información de las personas que navegan en Internet.

Las dos compañías tienen un perfil detallado de cada usuario, que se va nutriendo a partir de sus búsquedas, historial de páginas visitadas, cuentas a las que sigue y compras realizadas -gracias al intercambio de información que se da entre sitios y aplicaciones-. Eso beneficia a los anunciantes: una marca, por ejemplo, puede pautar en Facebook solicitando que su publicidad se muestre solo a quienes visitaron su sitio en el último mes, para tratar de concretar esa compra. Es ahí donde está el negocio de estas dos empresas de tecnología.

Así es que si uno va a la configuración de Google (adssettings.google.com/authenticated), puede ver un detalle de sus intereses, producto del tracking. Por ejemplo: mujer, de entre 18 y 35 años, que le interesa la actualidad mundial, las compras, el cuidado de la piel, el café y el té y escucha rock and roll. Eso, entre decenas de variables más, como la orientación sexual o, incluso, si uno tiene problemas médicos. Y una vez que las compañías recaban esa información, no hay forma de borrarla. Lo único que se puede hacer es cambiar la configuración para impedir que lo continúen haciendo de ahora en más.

Actualmente Facebook está valuada en 104.000 millones de dólares y Google en un billón de dólares.

¿Cómo evitarlo?

De acuerdo con un estudio reciente del Information Commissioner’s Office del Reino Unido (algo así como atención al consumidor en Internet), el sitio web promedio almacena en el navegador 34 cookies en la primera visita y 70 % de ellas son cookies de terceros. La fecha de vencimiento de estas cookies está fijada para el año 9999, lo que despertó preocupación en el organismo.

El asunto de las cookies y su potencial amenaza a la privacidad de los usuarios llevó a que, en 2011, la Unión Europea aprobara una legislación que obligaba a los sitios a solicitar el consentimiento de los usuarios antes de usar esta tecnología de almacenamiento de datos. Desde ese entonces, cuando uno visita un sitio europeo por primera vez puede elegir qué tipo de cookies quiere permitir en su computadora. Lo que se recomienda es bloquear las de terceros —lo que en teoría impide el tracking—, pero para estar más seguros algunos expertos también sugieren usar extensiones específicas de bloqueo como Ghostery o Privacy Badger. También se puede entrar a los perfiles de anuncio en Google y Facebook y bloquear la publicidad teledirigida.

«Todos los navegadores permiten hacer alguna configuración con respecto a las cookies, podés bloquear hasta los más imprescindibles. Si hacés esa prueba no vas a poder navegar, porque eso bloquea incluso aquellas que son necesarias, pero también tenés la opción de bloquear solamente las cookies de terceros. Eso está en la configuración del navegador, cualquiera sea el que uses, Safari, Mozilla o Google Chrome. En general recomendamos revisar qué configuración tiene el dispositivo. Otro consejo que damos es eliminar periódicamente las cookies, que es algo más seguro», explica Draper.

Sin embargo, Facebook y Google encontraron el vacío legal que les permite continuar con el trackeo de los usuarios. Básicamente se trata de un código JavaScript que parece una cookie de primera parte, pero es una de tercera, que permite monitorear la actividad del usuario en la página web. Esto hace que los esfuerzos de las personas para tener más privacidad sean ignorados.

«Creo que algo habría que hacer para que el usuario pueda continuar decidiendo, como era hasta hace un tiempo antes de que sucediera lo de Google y Facebook Pixel. Hay gente que prefiere que Facebook le muestre la publicidad orientada a su perfil y que no aparezcan cosas irrelevantes», sostiene Draper.

Conversaciones que dejan de ser privadas

La sensación de que los celulares nos espían es compartida entre muchos. A veces una conversación informal con un amigo -con el teléfono al lado- resulta en un anuncio. Por ejemplo, uno dice: «¡Qué ganas de ir a Punta Cana!» y, cuando abre Instagram, empieza a ver publicidades de agencias de viajes.

Entonces, ¿es una sensación o los teléfonos escuchan todo lo que decimos? «Es así», responde Draper, y agrega: «Pero también, dependiendo de la marca y del modelo, lo podés configurar. Por ejemplo, en el IPhone podés hacer que Siri no esté habilitada todo el tiempo. Es muy poco probable que no se pueda configurar nada, en general todos los teléfonos permiten bloquear ese tipo de funcionalidades, solo que por defecto vienen habilitadas para que al usuario común -que no presta atención a los detalles de privacidad- le quede habilitado por defecto».

En Internet, todo parece reducirse a eso. El que sabe y está informado configura su navegador, su teléfono y sus redes sociales para limitar el acceso a la información que tienen las grandes compañías. El que ignora a lo que se expone, sigue estando vulnerable. Por eso, expertos como Lou Montulli abogan a favor de una legislación que impida, de una vez por todas, que Facebook y Google violen la privacidad de los usuarios, sin importar qué tan informados estén. «Hay más de mil millones de dólares en juego. Entonces, si queremos hacer un cambio sustancial en los métodos de trackeo y publicidad online, va a tener que hacerse en el ámbito legislativo porque si no, vamos a estar siempre luchando una guerra tecnológica que nunca termina», aseguró Montulli a Vox.


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